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Horrible.
Rosa Montero. EL PAÍS, Martes 8 de Marzo de 2005
A Veces, cuando hablo en
esta columna de temas demasiado horribles, algunos lectores se
incomodan. Para qué contar esas cosas tan tremendas que no tienen
arreglo y sólo producen angustia, dicen. Pero yo soy más
optimista, o, mejor dicho, más realista, por que basta con
contemplar la historia del mundo para verificar que los horrores se
han ido corrigiendo y atemperando así, con las denuncias públicas,
con el desvelamiento de la atrocidad.
Una asociación suiza ha conseguido gravar con cámara
oculta un vídeo de seis horas en donde se prueba que en China
despellejan y descuartizan vivos, cada año, a millones de animales
para el comercio de pieles. Las desdichadas criaturas son zorros,
martas, visones, conejos, perros y gatos. Primero son golpeados con
una barra de hierro o contra el suelo para atontarles, pero la
inmensa mayoría no pierde ni por un momento la consciencia, y en el
vídeo se les ve chillar y retorcerse agónicamente cuando se les
cuelga boca abajo y, con grandes cuchillos, les cortan las patas y
luego les sacan la piel como quien da la vuelta a un calcetín.
Después el pobre cuerpo ensangrentado es arrojado al suelo con los
demás en un revuelto montón de despojos, y lo más terrible es que
todavía están vivos. Alguno incluso levanta la cabeza. El vídeo
puede verse, si se tiene fuerzas para ello, en la web de ANPBA
(Asociación Nacional Para el Bienestar Animal), que también ha
iniciado una campaña contra esta monstruosidad (para participar en
ella, ir a http://www.bienestar-animal.org/campañas/4.htm).
Estas pieles impregnadas de sufrimiento llenan nuestros
armarios. En España su comercio es legal, de modo que el mercado
está inundado de gorros y estolas y cuellos confeccionados con
estas pieles trágicas. Incluso los juguetes de los niños, esos
ositos tan suaves y tan graciosos, pueden tener una procedencia
semejante. En la UE, sólo Bélgica, Dinamarca, Francia, Grecia e
Italia han prohibido la importación de pieles de perros y gatos.
Hay que seguir su ejemplo, porque la mejor manera de luchar contra
este espanto, contra este dolor enloquecedoramente cruel e
innecesario que envilece un poco más este sucio mundo, son las
presiones comerciales. Tenemos que prohibir las pieles chinas.
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