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Perros,
terapeutas de reclusos.
Marta Vázquez. La Voz de Galicia,
Jueves 22 de Diciembre de 2005
Se llaman Tango y Tana y a partir
de ahora serán los terapeutas particulares de cuatro reclusos del
centro penitenciario de Pereiro de Aguiar. Nada tendría esto de
particular si no fuera porque Tango y Tana no son dos profesionales
de la psiquiatría, sino dos canes labrador de cuatro meses de edad
que desde el pasado martes forman parte de la comunidad de internos
de la prisión provincial ourensana. Eso sí, ellos tienen la misión
de ayudar a los reclusos a superar sus carencias en habilidades
sociales.
Su llegada a Ourense forma parte de un programa
terapéutico pionero en Galicia que ya se ha llevado a cabo con
exitosos resultados en otros centros penitenciarios españoles,
concretamente en las comunidades de Madrid y Cataluña. Ahora serán
los presos ourensanos los que tengan la oportunidad de probar los
beneficios de asumir la educación y el cuidado de los dos animales,
macho y hembra. Les ha faltado tiempo para bautizarlos.
Y es que la terapia asistida con animales supone
precisamente eso, que los internos se hagan cargo de los animales y
se responsabilicen en su adiestramiento. Un especialista en este
aspecto les ayudará a conocer las pautas para educar a los canes y
un veterinario les explicará los detalles sobre su cuidado. Un jardín
al aire libre dentro del recinto penitenciario que fue creado por un
grupo de reclusos participantes en un taller de jardinería es el
espacio en que se desarrollará la terapia. En turnos de dos
personas y horarios de mañana y tarde cuatro internos se encargarán
de alimentar, limpiar o pasear a los animales.
Se prevé que dentro de unos meses los perros se
apareen para que una nueva camada aumente no sólo el número de
terapeutas cuadrúpedos, sino también la cifra de reclusos que se
benefician de la novedosa iniciativa.
Internos con carencias afectivas han sido los
escogidos para estrenar el programa. La experiencia asegura que el
trato con los animales mejora las capacidades de comunicación del
reo, aumenta su autoestima, contribuye a evitar posibles
inclinaciones hacia el suicidio y reduce el número de recaídas en
internos toxicómanos. «Se aprovechan los valores intrínsecos de
los animales, como la fidelidad y la respuesta invariable», asegura
María Azkargorta, directora de la fundación Affinity, que colabora
en el desarrollo del programa. Para Manuel Arias, director del
recinto penitenciario, la iniciativa supone una opción más en el
tratamiento a los reclusos de cara a una reinserción satisfactoria.
Entre tanto discurso, Tano y Tana, ajenos a todo,
ya se han ido ganando la confianza de los que son sus nuevos dueños.
Cuatro personas que podrán regenerarse a sí mismas mientras educan
a los canes.
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