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Los
ganaciales y las mascotas en E.E.U.U.
Rosa Townsend, Miami. EL PAÍS, jueves 12 de febrero de 2004
Los
divorcios en Estados Unidos están despertando pasiones animales.
Cuando llega el momento clave de repartir los gananciales, el
problema ya no es sólo quién se queda con el comedor o el coche,
sino quién se lleva a Misifú o Lasie. Las peleas
por los perros y los gatos han llegado a tal punto que universidades
del prestigio de Harvard o Yale ofrecen clases sobre custodia legal
de mascotas, e igualmente están proliferando los consejeros
matrimoniales dedicados al arbitraje animal y los bufetes con
especialistas en el tema. No es asunto de broma en un país con 160
millones de dueños de mascotas. Los fuertes vínculos emocionales
que se forjan entre los seres humanos y los seres peludos explican,
según los expertos, las feroces batallas de custodia y los traumas
para todas las partes involucradas en las separaciones. El caso del
pointer Gigi ha sido sonado. Sus guardianes -como se
denomina en términos legales a los dueños de mascotas- decidieron
hace cuatro años divorciarse amigablemente, pero cuando llegaron al
capítulo de Gigi las buenas disposiciones saltaron por los
aires.
Desde entonces Linda Kaplan y Stanley
Perkins han estado enfrascados en un agrio pleito que les ha
costado más de 150.000 dólares en honorarios de abogados y costas
judiciales. Linda argumentó ante el tribunal de familia de San
Diego (California) que ella podía cuidar mejor al perro porque al
trabajar en casa nunca lo dejaría solo, pero Stanley objetó la
presencia del del nuevo felino de su ex. La pareja de divorciados
llegó a contratar a una experta en conducta canina para que
evaluara "quién quería más a Gigi". La terapeuta
se inclinó a favor de la mujer y el juez, aparentemente harto,
aceptó su decisión y le concedió la custodia a Linda con derechos
de visita para Stanley.
Hay incluso quien secuestra a las mascotas y
acaba en la cárcel. Cuando Lynn Goldstein y Thomas
Nichols se divorciaron en 1999, el juez le otorgó a ella la
custodia de los tres perros y a él la de los dos gatos. Lynn no
podía soportar la falta de Beanie y Kacey y en un
fin de semana que le tocaba tenerlos fingió que se habían
escapado cuando en realidad los había llevado a casa de una amiga
con intención de fugarse después fuera de Kentucky con toda su
fauna doméstica. Pero como el ex marido se lo olía había
contratado a un detective privado que filmó todo en un video y
luego lo aportaron como prueba judicial. Lynn ha pasado 30 días
entre rejas y ha perdido la custodia de los mininos.
Para evitar que las desavenencias lleguen a tales
extremos, los expertos recomiendan a las parejas que hagan contratos
prenupciales sobre las mascotas. Organizaciones como Animal Legal
Defense Fund están presionando a jueces y legisladores para que
"consideren lo intereses y necesidades de los animales"
explica Bárbara Newell. No todo el mundo es partidario. Rick
Cupp, profesor de derecho en la Universidad Pepperdine de
California, opina que casos como los de Gigi, Beanie o Kacey
ilustran cómo el asunto se está desproporcionando.
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