Jaime Arce González. Veterinario clínico.

    El perro proviene del lobo, un animal que no sólo vive en grupo, sino que se reparte las tareas y es capaz de cooperar con los suyos para lograr un objetivo común. Todo esto es posible por que existe una jerarquía bien definida dentro de la manada, de modo que cada miembro sabe bien el lugar que ocupa.

    Entre los cachorros la jerarquía se va perfilando con los juegos, con los que miden sus fuerzas y dan forma a su carácter. Al llegar a la pubertad, los jóvenes buscan un sitio entre los adultos y los mas osados tantean a sus superiores, si la respuesta de estos lo permite, el jovenzuelo se crecerá y reclamará con mayor seguridad promocionar dentro del grupo, por el contrario si la respuesta es clara y contundente, el joven se olvidará de la cuestión, al menos por una buena temporada, y ocupará el ultimo escalón.

    De la misma forma, cuando un perro llega a la edad del pavo, cuestiona la autoridad que hasta entonces admitió sin rechistar, es decir la nuestra. Esto no debe extrañarnos, el perro busca saber que lugar ocupa en el mundo, o lo que para él es lo mismo, dentro del clan familiar, que en este caso no es una manada de lobos sino nuestra familia. Buscando mejorar su posición, probará y tanteará a los miembros de la familia, frecuentemente en orden de menor a mayor autoridad dentro de ella, hasta encontrar quien lo coloque en su sitio o hasta hacerse él con el liderazgo. La intensidad y la persistencia de estos desafíos dependerá de la raza, sexo y carácter individual del perro, pero sobretodo de nuestra repuesta, ya que si estamos atentos y dejamos las cosas claras en el momento adecuado, el perro asumirá su sitio y no volverá a tantearnos, de lo contrario empezará un tira y afloja entre nosotros y el perro.

    Los problemas pueden surgir cuando un cachorro consentido y contestón, alcanza un tamaño considerable y decide probarnos, al principio puede ser un gruñido al acercarnos mientras come, cosa que aunque no deberíamos, solemos disculpar pensando que la culpa fue nuestra por molestarlo, cuando en realidad lo que sucede es que nuestro perro comienza a preguntarse por qué razón mandamos nosotros y no él. El orden en el que comen los individuos de una manada es un fiel reflejo de la jerarquía, de modo que si nuestro perro nos considerase su líder no gruñiría ni siquiera aunque nos comiésemos su comida.

    Ciertamente no es lo mismo que nos gruña un perrillo a que nos gruña un perrazo, de modo que si tenemos en casa un perrazo en la edad del pavo y a la primera de cambio nos intimida, el perro, que no tiene nada de tonto sacará sus conclusiones, en el mejor de los casos nos considerará como a un igual y evitará una confrontación, al menos mientras no este en juego algo lo suficientemente importante para él, como para desafiarnos más claramente; en el peor de los casos empezará a pensar que es él quien manda. De cualquier forma vamos por mal camino y tarde o temprano es muy posible que a nuestro perro se le ocurra mordernos, la primera vez será poca cosa y existirá "disculpa" como por ejemplo que le pisamos sin querer. Nuestro perro, no puede mordernos, ni poco ni mucho, aunque le pisemos accidentalmente, si disculpamos también esto, la cosa pasará a mayores y será muy difícil de corregir.

    Me gustaría dejar claro que no se trata de pegar al perro cada vez que nos sintamos desafiados por él, debemos recordar que en la naturaleza, los animales resuelven estas diferencias sin que la sangre llegue al río y que generalmente todo queda en gestos, exhibiciones de poder, ruidos intimidatorios, etc, nosotros debemos hacer lo mismo y pensar, que la primera vez que nos gruñe, por grande y fuerte que sea nuestro perro, en realidad esta muerto de miedo por dentro, ya que al fin y al cabo esta desafiando a un superior. Lo que debemos de hacer es no dejarnos intimidar, mostrarnos seguros y reprenderlo con un tono de voz firme, apoyado por algún gesto severo, dejándole claro que de ese modo no va a conseguir nada; así será él quien se replegará y aceptará que somos nosotros quienes mandamos.