Jaime Arce González. Veterinario clínico.

    Cuando traemos una mascota a casa, la convivencia y el paso del tiempo, hacen que se acostumbre a nuestras rutinas, que imite muchos de nuestros comportamientos, que se establezcan formas de comunicación y tarde o temprano, fruto de todo esto, surge un inmenso cariño, al que la mascota también nos corresponderá.

    La mascota no es consciente de ser un animal, ni de que nosotros seamos personas, por tanto, no aprecia ninguna diferencia entre nosotros y ella. Criarse entre personas puede confundirla aún más, de modo que mientras le enseñamos las más elementales normas de convivencia y obediencia, deberíamos enseñarle también esta diferencia.

    Sabemos relacionarnos con otras personas, pero sabemos poco sobre como relacionarnos con un animal, por eso, a menudo trasladamos nuestros conocimientos sobre las personas al trato con la mascota. Puede ser un punto de partida al comenzar a convivir con un animal, pero debemos ser prudentes, si no queremos humanizar a nuestra mascota más de lo conveniente.

    La convivencia con las personas hace inevitable que el animal se humanice en cierta medida, depende de la especie animal, de su carácter, del nuestro, y de como lo eduquemos, la cantidad de "humanización" que pueda tolerar sin que surjan problemas. En cualquier caso, cuanto más de humano ponemos en nuestra mascota, menos sitio dejamos al animal. Si evitamos que se humanice demasiado, nuestra mascota estará más cómoda y nosotros disfrutaremos más, de todo lo bueno, que la convivencia con un animal puede aportarnos.

    De forma parecida a como la mascota aprende cosas de nosotros, no sólo aquellas que le enseñamos, y se humaniza al convivir con personas, si miramos a nuestra mascota, podemos aprender aquello que no sabíamos, como relacionarnos con un animal. Nuestra mascota puede "enseñarnos" eso y muchas cosas que un animal "sabe" y que nosotros tenemos un poco olvidadas. Después de un tiempo de convivencia, nuestra mascota se habrá "humanizado" un poco y nosotros nos habremos "animalizado" también un poco, encontrándonos en un punto intermedio donde podremos entendernos y convivir estupendamente. En cualquier caso, conviene que seamos nosotros quienes controlemos este proceso.