Jaime Arce González. Veterinario clínico.

        Parece increíble que en un cuerpo de apenas 20 gramos pueda caber tanta vida, pero las pruebas son abundantes y cantan por si solas, ya que gramo más o menos, ese es el peso de un canario, bien entendido que me refiero al pájaro de compañía y no a nuestros compatriotas, que canten o no, pesan bastante más.

        Las diferencias entre los pájaros y nosotros, al ser sobre todo externas, resultan evidentes; son debidas a que las aves evolucionaron a partir de los reptiles, mientras que nosotros somos mamíferos. Siendo tan distintos por fuera, podría parecer que no tenemos nada en común, si a esto añadimos su pequeño tamaño, sería fácil pensar que los pájaros son animales simples, nada más lejos de la realidad, no sólo sus cuerpos y sus vidas tienen poco de simple, sino que esconden muchas similitudes con nosotros.

        Un canario, por ejemplo, en esos 20 gramos tiene prácticamente los mismos órganos que nosotros: corazón, pulmones, hígado, estómago, intestino, riñones, testículos u ovarios según el sexo, etc, y colocados de forma similar, así es que, por dentro nos parecemos bastante más que por fuera. Su cerebro es del tamaño de un guisante y con él se las apañan estupendamente para sobrevivir, pensemos en un pajarillo silvestre, que debe procurarse el alimento cada día, evitando a la vez ser cazado por algún depredador, guarecerse de las inclemencias del tiempo, buscar agua para beber y bañarse, encontrar pareja y un lugar protegido, donde anidar y formar una familia...Vamos, que como nosotros, se pasan el día trajinando para llegar a fin de mes

        Aunque pequeño, su cerebro da para mucho más, y así, volviendo a los pájaros de compañía, al convivir con ellos podremos observar que tienen días buenos y días malos, y que su estado de ánimo varía según brille o no el sol, escuchen gente en casa o se sientan solos, etc. Comprobaremos también que hay grandes diferencias de unos individuos a otros, o dicho más claramente, que cada uno tiene su carácter. Así, unos son tímidos y se asustan si te acercas a ellos, en cambio otros parecen desafiarte con la mirada y algunos llegan a ponerse agresivos defendiendo su territorio con una seguridad pasmosa. Los hay que eligen las semillas del comedero y tiran por fuera aquellas que no les gustan, mientras otros, más educados, se las comen todas. Algunos son un poco guarretes y ensucian todo al defecar, otros en cambio son más cuidadosos.

        Si tenemos varios juntos en una pajarera, podremos observar como establecen una jerarquía que se manifiesta a la hora de alimentarse, bañarse o elegir sitio para dormir. Jerarquías aparte, algunos recuerdan al perro del hortelano, que ni comía ni dejaba comer, y se dedican a chinchar a sus compañeros por pura chulería, en cambio otros más sociables, viven y dejan vivir.

        Hay machos caballerosos que llevan el alimento a la hembra durante la crianza, mientras que las hembras con parejas menos galantes tienen que abandonar de vez en cuando el nido para alimentarse. Los padres dan clases a sus hijos, entre otras cosas de vuelo, y así cuando los hijos ya tienen edad, podemos ver como el padre se coloca frente a ellos y empieza a realizar ejercicios con las alas a lo cual los jóvenes responden imitándole, aunque con mayor esfuerzo y menos gracia, y así, poco a poco van aprendiendo la lección.

        Un amigo me contó como vio a unos padres ayudar a su polluelo que se había caído del nido, y piaba desconsolado porque era incapaz de volar hasta él, los padres al oírlo, bajaron y lo llamaron desde cierta distancia, según el polluelo se acercaba, los padres se alejaban un poco, repetían la llamada y él acudía de nuevo, de este modo, poco a poco lo condujeron por un camino con desniveles suficientemente pequeños como para que su hijo los salvase, y consiguieron por fin devolverlo al nido. Menudos sustos dan a veces los hijos.

        Aunque las comparaciones puedan resultar odiosas, y las diferencias entre los hombres y otros animales no sean sólo externas, siempre podemos encontrar grandes similitudes, aunque sólo sea en el discurrir de la vida de unos y otros, ya que todos nos enfrentamos  a retos semejantes durante nuestra existencia.